Este es el relato que yo me inventé:
El jersey del hámster.
Érase
una vez un niño que era hijo único, y al que sus padres decidieron regalarle
una mascota por su cumpleaños, para que no se sintiera tan solo.
Cuando
fueron sus padres a la tienda de mascotas, vieron un juguetón hámster que tenía
una peculiaridad… llevaba puesto un jersey amarillo, y el dependiente le dijo
que en ningún momento le quitaran el jersey, porque se pondría tan triste que
no volvería a jugar nunca más.
Los
padres le llevaron a su hijo el hámster, y jugaron hasta la saciedad.
Una de
las veces, el hámster se ensució el jersey, y la madre del niño sin recordar lo
que le había dicho el dependiente de la tienda, le quitó el jersey, y entonces
el hámster se comenzó a entristecer tanto, que dejó incluso de comer.
El niño
no sabía lo que le pasaba a su “amigo”. Iba a por él para jugar y el hámster no
se levantaba de su camita, ni quería salir de su jaula.
La
madre, preocupada, fue a la tienda de mascotas a hablar con el dependiente para
que le dijera que le podía estar pasando, pero cuando llegó, el dependiente no
estaba. De camino a casa pensando en lo que podía estar pasándole al hámster,
recordó las palabras que le había dicho el dependiente de la tienda de
mascotas, y echó a correr a casa, para contarle a su hijo que había recordado
lo que le había dicho aquel hombre ¡no se le podía quitar el jersey! Le dijo la
madre a su hijo, y cogió rápidamente un ovillo de lana y comenzó a hacerle un
precioso jersey de lana al hámster.
Cuando
le llevó al animalito su jersey se puso tan feliz, que se tiró tres días
seguidos jugando.
Y
colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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